lunes, 7 de marzo de 2011

Ecofalacias: bombillas de bajo consumo.

Uno de los frentes más importante en la lucha por la salvación del planeta es la reducción drástica del consumo de energía. Para ello se hace un análisis fácil. Primero nos preguntamos: ¿en qué actividades se consume principalmente la energía? Una vez obtenida la respuesta, se pregunta: ¿cómo podemos reducir el uso de energía en cada una de esas actividades, sin empeorar los resultados?
La respuesta a la primera pregunta es fácil: transporte, climatización e iluminación. El tema que toca este artículo es la iluminación.
Todos conocemos la bombilla incandescente, que se ha ido usando en todos los hogares desde hace más de un siglo, sin apenas modificar el diseño original de Tomas Alba Edison. El problema de esta bombilla era su eficiencia, de la energía consumida un 10% se convertía en luz y el 90% en calor. Todo un derroche. Nótese que hablo en pasado, porque la Unión Europea ha puesto fin a esto. No es algo que lo sepa todo el mundo, pero en septiembre de 2009 se dejaron de fabricar en Europa bombillas incandescentes de 100W o de potencia superior. En septiembre de este año dejarán de fabricarse las de 60W (las más usadas), y para finales de 2012 ya no se fabricará en Europa bombilla incandescente alguna. Enlace a la noticia de la Comisión Europea.
Trivializando preguntas sobre si esto es una campaña de obsolescencia tecnológica encubierta, podemos decir que hasta aquí bien, dejamos de usar un sistema altamente ineficiente para la iluminación. ¿Y cómo nos alumbramos ahora? Pues alternativas hay varias. Una que nadie quiere es la de las bombillas halógenas, que basan su funcionamiento en el mismo fenómeno que las bombillas incandescentes, pero alcanzan temperaturas menores, generando un ahorro energético ínfimo.
Si seguimos haciendo caso a la UE, la alternativa más alabada, promocionada, idolatrada, casi beatificada, es la bombilla fluorescente compacta, popularizada como "la" bombilla de bajo consumo. Todos recordamos cuando el Ministerio de Industria nos regaló una a cada uno (made in China, aunque yo no recibí ninguna). Veamos con qué ventajas nos las venden:
  •  Consume un 70% menos de energía que las incandescentes para el mismo nivel de iluminación.
  •  Su luz es blanca, pudiendo usarse filtros para conseguir cualquier color.
  •  Apenas se calientan.
  •  Son más duraderas (5000 horas) que las bombillas incandescentes(1500 horas).
Vaya, pues visto así son casi perfectas, ¿no? Sin embargo, hay cosas que no se mencionan.
  •  La duración de las bombillas incandescentes viene fijada por una regla de la industria promovida por un plan de obsolescencia programada. Una bombilla incandescente (bien hecha) puede durar 100 años sin apagarse NUNCA.
  •  La duración de las bombillas fluorescentes de bajo consumo se ve mermada grandemente por cada "clic" que se hace, esto es, cada vez que se enciende o se apaga.
  •  El consumo una vez encendida es bajo, sí, pero para encenderse demanda un pico de corriente extra.
  •  Tardan un tiempo en alcanzar su máxima luminosidad (antes una hora, en las más modernas este tiempo es de dos o tres minutos).
  •  Son mucho más difíciles de reciclar que las bombillas incandescentes, principalmente porque contienen mercurio. Olvidamos aquí que no contaminar no sólo implica reducir el consumo energético, sino también los residuos, especialmente los peligrosos.
Vaya, pues visto así no son tan buenas como las pintaban. Pero, oye, que si nos dicen que tenemos que comprar esas por algo será, ¿no? Pues por algo tiene que ser, eso seguro. No sé si es cosa de lobbies o de ignorantes, de lo que estoy seguro es de que no es porque sean las mejores.
¿Y qué alternativa queda entonces para iluminarnos y tener la conciencia tranquila? Que yo sepa, quedan las lámparas LED. Son más eficientes que las fluorescentes (90% de la energía consumida pasa a ser luz), no se deterioran por encenderlas/apagarlas, no requieren energía extra para "arrancar", son increíblemente duraderas (el valor normal son 25 años), las hay del color que quieras.
¿Y por qué no son populares? Pues hay quienes tiene argumentos en contra de ellas. Uno es que necesitan un circuito intermedio para conectarlas a la red eléctrica. Sí, es cierto, pero es un circuito muy integrado y minúsculo, que junto al minúsculo tamaño de los LEDs no supera el tamaño de una bombilla incandescente de toda la vida. Otros dicen que la tecnología LED está algo verde y que sólo sirve para iluminar cosas pequeñas y cercanas. A esos sólo hay que decirles que busquen imágenes de Shanghai de noche; sí, casi la totalidad de esa iluminación es LED.
Entonces, ¿estas bombillas sí son perfectas, verdad? Pues no, nada es perfecto. Cuando de aquí a 50 años se te funda tu primera bombilla LED (25 años si no la apagas nunca), el proceso de reciclado va a ser algo costoso, aunque al menos no produce residuos contaminantes. Otro problema más próximo en tiempo es el precio. La iluminación LED es cara. ¿Un lujo? Ni mucho menos. Entre 5€ y 10€ por bombilla normalita. Es caro en comparación con las bombillas incandescentes, pero si se popularizaran bajarían los precios, y además, no es caro si piensas que podrías dejarlas en herencia (que se amortizan rápido, vamos).

viernes, 4 de marzo de 2011

Ecofalacias: presentación

Desde hace un tiempo estoy siendo espectador de algo que me hace querer sacarme los ojos. Muchas grandes empresas (y no tan grandes) en las últimas décadas han acelerado el proceso de destrucción de nuestro planeta al que inevitablemente nos llevaba el crecimiento económico. Pero a finales de los ochenta una voz comenzó a cobrar fuerza: la voz ecologista. Durante un par de décadas se extendió con notable éxito, hasta que la presión popular (o eso se cree) hizo que empresas y gobiernos tomaran medidas para ralentizar el avance al caos (ralentizar, que no cambiar de rumbo).
¿Pero iban a permitir perder dinero? No no no no no no. Su nuevo objetivo pasó a ser cambiar de cara. Mostrar a la gente lo que quiere ver, para que sus conciencias estuvieran tranquilas, pero siguiendo sacando una gran tajada de todo. Dejando a parte discusiones sobre lo incompatibles que son los términos "crecimiento" y "desarrollo" con "sostenibilidad", lo que han venido haciendo aquellos que tienen el poder estos últimos años ha sido meternos la misma destrucción de siempre disfrazada de ecologismo, por la fuerza a través de nuestros ojos.

He bautizado esos actos de confusión y engaño como ecofalacias, y en posteriores artículos las iré desvelando.