lunes, 30 de enero de 2017

¿Topónimos franquistas? (No.)

Me ha pasado en alguna ocasión de nombrar alguna localidad catalanoparlante usando su nombre en español, y algún local presente en el momento me ha corregido diciendo que el lugar no se llama así, sino con el nombre en catalán. Que eso del nombre en español se lo puso Franco.

Y no es así. Bueno, sí. Pero no. Déjenme explicarme.

Los pueblos y ciudades no tienen un único nombre. Según su historia, las culturas que hayan ido y venido, reciben nombres en diferentes idiomas. La mayoría de las veces son adaptaciones fonéticas a los distintos idiomas, aunque existen casos como el de Poprad, en Eslovaquia, que recibe un nombre similar en húngaro, pero en alemán se denomina Deutchendorf.

Aquí en España tenemos Lérida/Lleida, Vinaroz/Vinaròs, Vizcaya/Bizkaia, o poniendo un ejemplo cercano a Jumilla, Pinoso/El Pinós. Actualmente, el nombre oficial de estas localidades es su versión en la lengua regional. Pero esto no fue así siempre, claro. Durante la dictadura, todos eran llamados oficialmente por su nombre en español. Si es que este existía, claro.

Pero no digamos que esos nombres se los inventó Franco. No le concedamos tal nivel de originalidad. Esos nombres ya existían en español, eran los que usaban los hispanohablantes para referirse a ellos. Por eso, si estoy hablando en español, me refiero a estos lugares con su topónimo en este idioma. Igual que digo Londres en lugar de London, o Maguncia en lugar de Mainz.

Como dato curioso, Jumilla en catalán se llama Jumella. Siendo ortodoxos, los vecinos de La Torre del Rico deberían usar este término.

miércoles, 18 de enero de 2017

El niño que exhalaba y escupía

Volvía a casa de trabajar hace un rato. Ya era de noche. Durante unos minutos han ido delante de mí tres chavales. Tendrían unos trece años, a lo sumo.
Parecían chavales normales, uno iba montando en un patinete mientras hablaba con otro de ellos, sobre cosas de chavales. Nada raro.
 
Sin embargo el tercero era diferente. Aunque obviamente iban los tres juntos, no hablaba con los otros. Avanzaba firme y silencioso, con su paso chulo, sus zapatillas ¿caras? y su gorra en la cabeza. No hace falta mencionar que era de noche, ya que la visera la llevaba hacia atrás, daba todo igual. La gorra no es eso lo que importa, los chavales a veces hacen esas cosas, ¿no?
 
Me perturbaba más el hecho de que fuera fumando. Tan tranquilo, como si nada. No me refiero a que fuera como si no le importara lo que pensaran los demás, a los chavales no les importa lo que piensen los demás. Lo digo en el sentido de que parecía estar acostumbrado, sin toses ni molestias. Como no soy fumador no sabría decirlo, pero diría que sabía fumarse el cigarro muy bien.
 
Luego, a cada calada, hacía algo que me parecía muy patético, la verdad. Escupía. Daba una calada, exhalaba el humo, y escupía. Calada, humo, escupir. Así cada una de las caladas desde que había visto el cigarro.

No sé qué sentir o qué pensar. Y creo que no importa, que simplemente lo ignoraré y me olvidaré de esto, como solemos hacer.